Madrid.- Una nueva técnica permite usar bacterias para convertir los azúcares y ácidos que quedan del yogur griego en moléculas que podrían usarse en biocombustibles o aditivos.

Para ser sostenible, hay que convertir las corrientes de desechos donde se producen; el estado de Nueva York es donde están las vacas y los productores de lácteos, donde la locura del yogur griego comenzó en Estados Unidos, con Chobani y FAGE, dice el autor principal Lars Angenent, ingeniero ambiental y microbiólogo en la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y la Universidad de Tübingen (Alemania).