Temuco, Chile.- El papa Francisco dedicó la misa que ofició hoy en Temuco (sur) a las víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y fustigó el uso de la violencia en la lucha por reivindicar los derechos indígenas, en una región en plena tensión por el conflicto mapuche.

“Esta celebración la ofrecemos por todos los que sufrieron y murieron y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias”, dijo el pontífice en su homilía de la Misa por la integración de los pueblos, celebrada en el Aeródromo de Maquehue, que sirvió de centro de detención y tortura durante la dictadura militar.

El Sumo Pontífice pidió, además tolerancia para preservar la riqueza de cada pueblo, en referencia al conflicto indígena en la región.

Utilizando un verso de la canción de Violeta Parra, “Arauco tiene una pena que no la puedo callar, son injusticias de siglos que todos ven aplicar”, el Papa quiso destacar que esta tierra, la más pobre de Chile, está también llena “de pena y dolor”.

En la antesala de la llegada de Francisco a la zona, se registraron incendios en dos iglesias que la policía investiga como presuntos ataques, los que se suman a otros en las jornadas previas en que se encontraron manifiestos en contra de la visita papal.

Algunas organizaciones de Derechos Humanos habían pedido a la organización que la misa del papa no se celebrara en este lugar por el recuerdo negativo que tenía.

Francisco saludará mañana antes de la misa en Iquique a dos personas que sufrieron en la dictadura de Pinochet y que le entregarán una carta.

A la misa del Papa, nacido en Argentina como Jorge Bergoglio y que vivió cerca de un año en Chile de joven, asistió el obispo Juan Barros, acusado de proteger al sacerdote Fernando Karadima a quien el Vaticano encontró culpable de abusos contra menores.

Además de los fieles chilenos, la sureña región recibió a miles de argentinos provenientes de ciudades tan lejanas como Río Grande, a unos 2 mil 500 kilómetros de distancia.

Condena violencia en conflicto mapuche

En el resto de la homilía dedicada a los problemas indígenas de la Aracaunía, entre ellos los mapuches y sus reivindicaciones, Jorge Bergoglio condenó la violencia en la región, en una clara referencia a lo ocurrido en el pasado y a los últimos episodios en esta región, aunque sin citarlos.

“La unidad que nuestros pueblos necesitan reclama que nos escuchemos, pero principalmente que nos reconozcamos”, dijo el Pontífice, quien saludó a los fieles en lengua mapudungun con la frase ‘Mari Mari, Küme tünngün ta niemün’ (Buenos días, la paz esté con ustedes).

“Nos necesitamos desde nuestras diferencias (…) Es la única arma que tenemos contra la deforestación de la esperanza”, agregó.

Dijo que existen dos formas de violencia que amenazan los procesos de unidad y reconciliación.

La primera, citó, “es elaborar acuerdos que nunca llegan a concretarse y que es violencia, porque frustra la esperanza”, y el segundo es el uso de la violencia.

“La defensa de la cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse con base en la violencia y destrucción que termina cobrándose vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división”, argumentó.

“La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”, advirtió.

Unos 600 mil mapuches viven en Chile, principalmente en la Araucanía y Biobío, sectores empobrecidos situados a más de 500 kilómetros al sur de Santiago que durante siglos fueron el límite del imperio español en Sudamérica.

Famosos por ser guerreros, los mapuches mantuvieron a raya a los conquistadores y sólo fueron derrotados por el Ejército chileno entre 1860 y 1870. Las relaciones con el Estado han sido difíciles desde entonces.

Por la tarde, el Papa viajará de regreso a la capital chilena para encabezar un encuentro masivo con jóvenes y el jueves viajará a la ciudad de Iquique, en el norte del país, su última escala antes de continuar viaje a Perú.

Fuente: El Excelsior (jrr)