EE UU se quedó muy solo en el G-20 en Buenos Aires en su apuesta por las barreras comerciales, pero eso no pareció importarle al secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que al final de la reunión lanzó un mensaje contundente: “Tenemos que estar preparados para actuar para defender los intereses de EE UU y el comercio libre y justo. Como ha dicho el presidente, no tenemos miedo a una guerra comercial dado el tamaño de nuestro país y de nuestra economía y el hecho de que tenemos un gran déficit comercial”, aseguró. Los demás países se habían unido para tratar de convencer a EE UU de que no inicie una guerra comercial con China y la Unión Europea, pero lejos de buscar calmar las aguas, la reunión acabó con una comparecencia ante la prensa de Mnuchin explosiva.

El hombre de Trump en la cumbre dejó claro que su problema principal es con China, y trató de buscar aliados, aunque aparentemente no los encontró. “Hay una visión general que desea que China tenga mercados más abiertos para que podamos participar en sus mercados como ellos participan en los nuestros. Hemos sido muy transparentes desde el día uno. He sido muy claro. Buscamos un comercio libre y justo, recíproco. Queremos los mismos derechos para nuestras compañías que tienen otras en nuestro país. No estamos buscando proteccionismo, queremos un comercio justo”, dijo.

En el comunicado final, que necesita la unanimidad para ser aprobado, se pactó una fórmula para salvar los muebles, pero nadie pudo ocultar la tensión. No hubo una condena abierta a los aranceles al acero y el aluminio que EE UU aplicará a partir del viernes al acero y al aluminio, pero sí un llamado cerrado a defender el libre comercio como estrategia contra “las tensiones económicas y geopolíticas” mundiales, aunque con el matiz de que se necesita “un mayor diálogo y acción”, esto es se abre la puerta para seguir negociando.

Varios ministros europeos, entre ellos el español, Román Escolano, insistieron en público en que el proteccionismo “es un error histórico”. Dentro, en las sesiones a puerta cerrada, según varios de los presentes, algunos asistentes se quedaron sorprendidos por la agresividad de la posición de EE UU, que venía a Buenos Aires con muchas ganas de dejar claro que no acepta que le llamen proteccionista pero considera que los acuerdos actuales son perjudiciales para su país y en particular benefician a China, su gran rival. El comunicado final es un punto intermedio que permite seguir dialogando, mientras varios dirigentes consultados confían en que EE UU no lleve a la práctica sus amenazas arancelarias.

Fuente: El País