Hoy es día de celebración, cómo no habría de serlo, si estamos aquí para reconocer valores que se deben privilegiar en nuestra existencia y también entre personas que sobresalen en las tareas que realizan.

En efecto, en esta oportunidad conmemoramos una efeméride convocada por la Organización Mundial de la Salud. Lo hacemos cada año para reiterar la importancia de este derecho humano, tanto en su dimensión individual, como en la colectiva.

El lema de este año es una aspiración de siempre, “Salud para Todos”. La salud es, después de la vida, el bien más preciado que tenemos los seres humanos, por ello, siempre deberá ser una de las más altas prioridades de cualquier gobierno.

Lo debe ser, en razón de que su cuidado y atención, es uno de los derechos fundamentales al tiempo que se trata de uno de los igualadores más eficientes con que cuenta la sociedad.

En los estados modernos se reconoce la obligación que se tiene con este campo. Sin salud el disfrute de otros derechos se complica. Sin buenos niveles de salud, no hay progreso efectivo. Con salud todo se facilita.

En casi todos los sectores y niveles de nuestro país se reconoce la importancia de la salud, solo algunos ignorantes pasan por alto su trascendencia y el propio interés de la sociedad en ella.

Para documentar la importancia, uno debe recordar las variadas consideraciones de los estudiosos, que nos dan datos y argumentos para sostenerlo, pero también debe acudir a la sabiduría popular que a lo largo de muchos años ha sintetizado esa perspectiva en numerosos refranes.

Permítanme recordar, solo como ejemplo, cuatro de ellos.

Primero: La salud no tiene precio y el que la arriesga es un necio. Segundo, la salud es un tesoro, que vale más que el oro. Uno más, quien salud no tiene, de todo bien carece y, por último, la salud no es conocida, hasta que es perdida.

En muchas oportunidades he sostenido que la nuestra es una nación grande y con grandeza. Estoy convencido que parte de esa última deriva de la fortaleza de nuestras instituciones.

En el sector de la salud tenemos el orgullo de contar con muchas de ellas. Ahí está el Hospital de Jesús, que en solo seis años llegará a cinco siglos de existencia o el Hospital Civil de Guadalajara, con más de 220 años de servicio.

Cómo ignorar que el Consejo de Salubridad General celebró hace poco sus primeros 175 años de vida, o el caso de nuestras instituciones de seguridad social con 75 años de servicio, cuando hablamos del IMSS o casi seis décadas si se trata del ISSSTE.

Esta es una buena oportunidad para reconocer pendientes, insuficiencias y nuevos desafíos, pero también valorar los avances conseguidos.

Por supuesto que todavía tenemos que lamentar la existencia de muertes causadas por enfermedades para las cuales existen métodos de prevención, diagnóstico y tratamiento.

Por supuesto que preocupa el incremento de las enfermedades crónicas, al mismo tiempo, nos anima la disminución notable de la mortalidad infantil, de la muerte materna, de las enfermedades prevenibles por vacunación o el incremento destacado de la esperanza de vida, y de la cobertura de los servicios y programas públicos de salud.

Por otra parte, esta celebración es para rendir homenaje a quienes han tenido una vida ejemplar con impactos positivos en la salud de la población. Ustedes, señoras y señores que hoy son reconocidos, representan una prueba de lo que el estudio y el trabajo producen.

Ustedes son parte de la razón por la que en México hemos mejorado. Ustedes con su vida pueden explicar el valor de la educación y la importancia de la salud. Ustedes son ejemplo para las nuevas generaciones. Por todo ello, hoy el Gobierno de la República inscribe sus nombres en la lista de los hijos distinguidos de la nación.

Señor Presidente, gobernar es asumir responsabilidades, es traducir las demandas de los más necesitados y responder con acciones a las mismas. Gobernar es imaginar el futuro y trabajar para transformar la realidad, usted así ha actuado.

En salud hay muchos ejemplos que permiten documentar lo anterior, lo que hoy aquí se hace es solo uno de ellos.

Gracias, muchas gracias, por darle al campo que fomenta a nuestros premiados la prioridad y la importancia que tienen.

Un reconocimiento en especial por defender con inteligencia y sensibilidad la honorabilidad y los principios de una nación comprometida con el apego a principios éticos y el respeto a la relación entre países.

Nada, por trascendente que parezca, nadie por importante que se asuma se puede colocar por encima de nuestra dignidad.

Muchas gracias.