La política se mide en territorio

Política

Mérida, Yucatán, 26 de enero de 2026. La escena no fue en el pleno del Congreso ni bajo el protocolo rígido del recinto legislativo.

Fue en la sede estatal de Morena, donde las palabras fluyeron menos técnicas y más políticas. Ahí, la Bancada del Pueblo arrancó su Tercera Plenaria con un mensaje que se repitió, casi como consigna: la transformación no se decreta, se camina.

Las diputadas y diputados llegaron con cifras, sí, pero sobre todo con una narrativa: la del poder que se ejerce fuera del escritorio. Desde el inicio, Carlos Bojórquez Urzaiz marcó el tono. No habló de coyunturas ni de pleitos internos; habló de rumbo. A un año del gobierno de Joaquín Díaz Mena, dijo, Yucatán tiene conducción política y una mayoría legislativa que no se esconde.

En política, el fondo casi siempre está en los silencios. Y el silencio más notorio fue el de la oposición, ausente del relato, mencionada solo para contrastar: mientras unos recorren municipios, otros cuentan votos perdidos en el pleno.

La mayoría que camina
Cuando tomó la palabra Wilmer Monforte Marfil, coordinador de la bancada, el discurso dejó de ser mensaje y se volvió balance. Ciento cuatro iniciativas. Treinta y tres leyes vigentes. Números fríos, pero con intención clara: demostrar que la mayoría no solo existe, sino que decide.

“No acompañamos, garantizamos”, dijo. En lenguaje político, eso significa control. Control del presupuesto, del ritmo legislativo y del respaldo al Ejecutivo. La bancada se asume como el andamiaje legal del Renacimiento Maya, ese concepto que en otros tiempos hubiera quedado en consigna y que hoy se traduce en reformas, inversión y derechos.

Gobernar es dejar huella
Cada intervención fue sumando capas al mismo argumento: economía que baja a los municipios, campo que deja de ser promesa, seguridad que se construye desde la prevención, educación que se blinda con becas y salud que apuesta a la infraestructura antes que al discurso.

Cuando se habló del nuevo Hospital O’Horán, del Tren Maya, del Puerto de Altura o de los programas sociales convertidos en derechos, el mensaje fue evidente: no hay retorno sencillo cuando las políticas públicas se convierten en ley.

El territorio como termómetro
Lo más revelador no fue lo que se dijo, sino dónde se dijo. La plenaria no fue un acto de aplauso interno; fue una señal hacia afuera. Las y los diputados insistieron en volver a los 106 municipios, a las comisarías, a las colonias donde el voto se vuelve exigencia.

Ahí, en el territorio, se medirá si la narrativa resiste. Porque en política, las mayorías no se sostienen con discursos, sino con resultados cotidianos.

La lectura final
La crónica de esta plenaria no habla solo de leyes, sino de poder. De una mayoría que entiende que gobernar también es ocupar el espacio político, marcar agenda y dejar claro que el proyecto avanza con estructura.

La Bancada del Pueblo cerró filas y dejó una frase flotando en el ambiente: la victoria fue del pueblo, pero el poder se sostiene caminando. Y en Yucatán, hoy, quien camina el territorio, gobierna..

Crónica Política | Rosy Ramírez

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