Don Juan de Dios: una historia que comenzó en las calles de Mérida

Política
  • Un recorrido por las calles de Mérida permitió a Óscar Brito conocer la situación de un hombre que vivía solo y enfrentaba desde hacía años las consecuencias de una hernia.
  • La gestión ante el Hospital Regional de Alta Especialidad permitió que Don Juan de Dios recibiera atención quirúrgica y hoy continúe su recuperación en casa.

Una historia puede comenzar con una conversación breve en la calle.

Eso ocurrió cuando el diputado federal Óscar Brito recorría territorio en Mérida y conoció a Don Juan de Dios, un hombre que vive solo y que, además, enfrenta una condición que durante años había complicado su vida cotidiana.

Don Juan de Dios no sabe leer ni escribir. Tiempo atrás sufrió un accidente que le provocó una hernia. Con el paso de los años, el dolor fue limitando cada vez más sus actividades y haciendo más difícil una vida que ya transcurría prácticamente en solitario.

Durante aquel encuentro decidió contar su situación y pedir ayuda. Su solicitud era concreta: necesitaba una intervención quirúrgica.

Después de conocer su caso, el diputado Oscar Brito comenzó las gestiones para buscar una alternativa de atención médica.

Uno de los primeros obstáculos era el traslado. Para una persona que vive sola y tiene dificultades para desenvolverse por cuenta propia, llegar a una institución hospitalaria puede representar un desafío adicional.

De acuerdo con el relato del legislador meridano, se facilitaron los traslados y se realizaron las gestiones correspondientes ante el Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península de Yucatán.

El proceso permitió que Don Juan de Dios fuera valorado y posteriormente intervenido.

En esta parte de la historia aparecen también quienes pocas veces ocupan el centro de una narración política: médicos, enfermeras y personal hospitalario.

Oscar Brito reconoce que el procedimiento fue posible gracias al apoyo y la atención del personal médico y de enfermería que acompañó el proceso.

Hoy, la escena es distinta.

Don Juan de Dios ya no espera una solución mientras enfrenta diariamente el dolor de una hernia. Se encuentra en casa, recuperándose después de la operación.

La recuperación apenas comienza, pero la intervención representa para él la posibilidad de retomar actividades cotidianas con mejores condiciones.

Su historia también deja ver una realidad que puede quedar oculta detrás de las cifras y los discursos públicos: existen personas que viven prácticamente solas, que desconocen los mecanismos para solicitar determinados servicios y que necesitan acompañamiento para acercarse a las instituciones.

El territorio, punto de encuentro

Para Oscar Brito, el caso de Don Juan de Dios explica por qué ha decidido mantener recorridos por las calles y colonias de Mérida como parte de su actividad.

A su entender, la política territorial comienza precisamente ahí: en conocer personalmente las situaciones que enfrentan los ciudadanos y determinar qué puede gestionarse ante las instituciones responsables.

En este caso, la atención médica correspondió al sistema público de salud y al personal especializado que realizó la intervención. La función del legislador estuvo relacionada con el acompañamiento y las gestiones para facilitar el acceso a esa atención.

La diferencia puede parecer pequeña, pero para quien necesita una operación y no sabe cómo iniciar el proceso, encontrar a alguien que escuche y ayude a abrir una ruta institucional puede convertirse en un momento decisivo.

Primero la gente

La historia de Don Juan de Dios no habla de grandes obras ni de cifras millonarias.

Habla de una persona.

De un hombre que vive solo, que durante años cargó con las consecuencias de un accidente y que, en algún momento, decidió pedir ayuda.

También habla de lo que sucede cuando una necesidad individual encuentra un canal para llegar hasta una institución capaz de atenderla.

Ahora, Don Juan de Dios permanece en casa y continúa con su recuperación.

Para Oscar Brito, su historia representa una de las razones para mantener el contacto directo con las calles de Mérida: porque detrás de cada recorrido pueden aparecer personas con problemas concretos que necesitan ser escuchadas y, cuando corresponde, acompañadas en la búsqueda de una solución.

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