fausto

Mascaras y Cabelleras…

Opinion

Colaboración: José Fausto Rodríguez Candia
Locutor y Productor, Grupo Fórmula Monterrey.

Amigos de Senderos del MAYAB, desde la ciudad de las Montañas, Monterrey, Nuevo León, cuna de nacimiento de Cyndi La Regia. Les saludamos

Hoy les quiero contar un cuento y a la vez hacer un reconocimiento al ser más hermoso que Dios a Creado, a la mujer, ese ser tan hermoso y mágico, que en los últimos días hemos escuchado y visto protestas y quejas del trato a las damas, en todas sus edades.  Y hoy les presento un cuento que me platico mi abuelo cuando era niño, y dice así:

Un día, una ama de casa se encontraba buscando leña para su cocina. Estaba cerca de un río muy profundo, cortando una rama de un árbol caído, cuando se le escapo el hacha de las manos y fue a parar al fondo del río.

La mujer, que no sabía nadar, suplicó a Dios por su hacha, la única que tenía y Dios apareció. Y Le preguntó:

– ¿Por qué estas llorando mujer?

La mujer explicó que su hacha se había caído al río.

Dios entró en el río, saco un hacha de oro y le pregunto a la mujer:

– ¿Es ésta tu hacha?

La mujer respondió:

– No, Dios no es ésa.

Dios entro nuevamente y saco del río un hacha de plata y volvió a preguntar:

– ¿Ésta es tu hacha mujer?

– No -respondió la mujer.

Dios volvió nuevamente al río y sacó un hacha de hierro y madera y de nuevo preguntó:

– ¿Es ésta tu hacha?

– Sí -respondió ella-, ésa es …

Dios estaba tan contento con la sinceridad y Corazoncito de la mujer, que la mandó de vuelta a su casa, regalándole las otras dos hachas, la de oro y la de plata.

Otro día, la mujer y su amado esposo estaban paseando por los campos, cuando él tropezó y cayó al río. La pobre mujer se puso a suplicar a Dios. Él apareció y le preguntó:

– Mujer, ¿otra vez tú? ¿Por qué estas llorando ahora?

La mujer explicó que su esposo había caído al río y se había ahogado.

Inmediatamente, Dios se aventó de cabeza al río, sacó de las mechas a Brad Pitt y le preguntó a la mujer:

– ¿Es este tú esposo?

– Sí, sí, sí -asintió la mujer.

Entonces Dios se enfureció:

– Eres una mujer mentirosa –exclamó.

Pero rápidamente la mujer le dijo:

– Dios, perdóneme, pero fue un malentendido. Si yo hubiese dicho que «no», entonces Usted me habría traído a Mel Gibson del río y si le hubiera vuelto a decir que tampoco era él, Usted me habría traído a mi marido. Y cuando dijera que sí era él, Usted me hubiera devuelto a casa con los tres hombres. Más yo soy una humilde mujer, de corazoncito, pero virtuosa y no podría cometer trigamia. Por eso le dije sí al primero de ellos.

Dios halló justo el comentario de la mujer y la perdonó.

MORALEJA:

«Las mujeres mienten tan bien que hasta Dios cree sus palabras «.

Un fuerte abrazo y nos vemos la próxima semana.

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